domingo, 6 de noviembre de 2011

Me gustan los números pares, tengo la sensación de que dan buena suerte. Soy de las que saltan de alegría cuando les dicen que un profesor ha faltado y después se da contra la pared al verle entrar por la puerta. Soy de lágrima fácil y lo más probable es que llore por cosas que no valen la pena, pero si que estoy segura de algo, de que cada cuatro veces que lloro, tres lo merecían. Odio a la gente falsa, la que no sabe diferenciar entre amigos y conocidos. Seguramente en algún momento me habré comportado así, y esa sea la razón por la que no lo soporte. Intento ser simple, no complicarme, pero nunca lo consigo. Si me agobias me bloqueo ya que no funciono así. He llegado a un pacto conmigo misma de recordar los buenos momentos y los malos dejarlos pasar. La parte de los buenos, lo cumplo, la de los malos, no tanto. Quizás es porque me gusta tropezar dos veces con la misma piedra. No lo puedo evitar, quizás soy la más ilusa, pero no puedo hacer nada. Como ya he dicho no lo puedo evitar. Tengo los mejores amigos del mundo y aun así no paro de quejarme. Protesto cuando debería dar las gracias. Que soy demasiado sensible aunque la gente opine lo contrario. Odio que la gente me vea llorar, así que intento guardármelo para mi sola, pero acumulo tanta rabia que a veces me doy miedo, y si estoy mucho rato callada es porque temo abrir la boca y espantarlos a todos. Me gusta llevar la contraria a la gente. Tengo un don cuando me aburro para molestar y hacer enfadar a los demás. Yo, que poco a poco supero mis pequeños problemas. Yo, que odio que la gente se auto compadezca y se preocupe por gilipolleces cuando fuera de aquí la gente muere de hambre, enfermedades y guerras a cada segundo.

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